Vagando por una isla desierta

My Lonely Island
creative commons licensed (BY-NC-SA) flickr photo by Sprengben [why not get a friend]: http://flickr.com/photos/sprengben/6928218837
Dicen que cuando algo desaparece, no lo hace del todo. Dicen que mientras perviva en ti, en tu mente, seguirá siempre ahí.

He pensado muchas veces en esos dichos, en esa especie de ánimo y no consigo aplicarlo a tu pérdida. No entiendo nada de esto, ¿sabes? Pero tengo que intentarlo. Te aseguro que jamás había pasado por tanto dolor, tanto vacío, hasta que te marchaste de mi vida. He perdido la cuenta de las veces en que me he maldecido a mí misma por no haber hecho nada por evitar que te fueses o, simplemente, por no haber sido más sensata en ese tiempo. Entonces tampoco sabía lo que era perder a alguien para siempre y, sinceramente, preferiría haberme quedado con esa duda y seguir viviendo en las películas de dibujos donde, si alguien muere, aparece en la siguiente escena.

Solo quiero pensar que zarpaste hacia una isla desierta; que perdiste el rumbo en la tormenta y ahora vagas muy lejos de aquí.

Se suele decir que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes y en mi caso me duele que fuese así. Me duele recordar tantas cosas a tu lado y saber que no volverán. Siempre echaré de menos todos tus besos, tus abrazos, tus regalos, tu sonrisa. Aún no he aprendido a vivir sin todo eso y espero que no me cueste mucho, aunque lo veo demasiado difícil.

Me has hecho falta en tantos momentos importantes, en tantos acontecimientos; y no quiero pensar la falta que me harás en toda la vida que me queda por delante.

Aún así, gracias por haberme enseñado a superar tantos obstáculos en mi vida y por haberme demostrado que era lo suficientemente fuerte como para seguir adelante a pesar de todo.

Siempre me quedaré con tus consejos sobre el futuro y con tu perfecta visión de la vida misma.

Puede que te hayas ido y, no te lo niego, puede que para siempre. Seguirás aquí el resto de mis días; el mismo tiempo que yo aprovecharé para gritarle a la vida que se equivocó y me quitó a una de las personas más valiosas que jamás he tenido.

Muchas felicidades al hombre de mi vida, quien me enseñó a ser tan fuerte como lo soy ahora y quien me hizo saber, con su partida, que no debo rendirme a causa de nada ni de nadie.

Lo que fue hermoso no se puede borrar, lo que es eterno no se puede matar.

Ni olvido ni perdono, mi vida.

Aurora Hidalgo Vázquez. 1º A de Bachillerato

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